Por Qué España es un Estado Fascista

Los países democrático-burgueses también pueden tener alguno de estos rasgos; pero sólo España los tiene todos al mismo tiempo. Por qué España es un Estado fascista: 1. España carece de Cons…

Origen: Por Qué España es un Estado Fascista

Anuncios

Explotación animal

La explotación animal conlleva el uso y esclavitud de los animales para obtener un beneficio de ellos. De este modo los animales dejan de ser seres vivos con sus propios intereses. Dejan de importarnos si son capaces de sentir miedo o de sentir ilusión. Deja de importarnos si son felices o si están tristes. Deja de importarnos si sienten dolor… si tienen una familia… O si desean vivir. La primera vez que entendemos este problema nos viene una pregunta a la cabeza. ¿Por qué?… ¿Por qué hacemos eso a los animales con los que compartimos el planeta? Esa pregunta tiene una respuesta clara y absoluta, y no hay que retroceder mucho tiempo para entender que no es algo aislado. De hecho tendemos a hacer lo mismo una y otra vez. La discriminación de los débiles. La esclavitud y el machismo son, por ejemplo, otros casos de discriminación que afortunadamente van solucionándose día a día. ¿Cómo pudieron nuestros antepasados esclavizar a otros hombres y mujeres? ¿Cómo podían impedir que las mujeres tuvieran los mismos derechos que los hombres? La respuesta es muy sencilla. Porque podían hacerlo. Como se pudo esclavizar a los enemigos que eran derrotados en una batalla, se hacía. Como se podía esclavizar países enteros, se hacía. Como los hombres podían discriminar a las mujeres se hacía. Y como a día de hoy podemos explotar a los animales, pues lo hacemos. Pero que podamos hacer algo no nos da el derecho de hacerlo. No podemos permitir que los animales que no son humanos (porque no olvidemos que los humanos somos animales) sean tratados como objetos al servicio de los humanos. El especismo es la discriminación que los humanos ejercemos sobre el resto de especies, sólo porque no pertenecen a la nuestra. Al considerarlos menos importantes que nosotros, los intereses de los animales (no-humanos) pasan a tener menos valor que nuestros propios intereses. El anti-especismo es lo opuesto. Significa tratar de la misma manera a todos los animales con capacidad de sentir. Es decir, hablamos de valorar los intereses de cada animal, al mismo nivel que valoraríamos los de un humano. Esto puede parecer algo complicado, pero en el fondo es sencillo. Cada vez que te plantees hacer algo que perjudique a un animal (no-humano), imagina que en vez de un animal se tratase de un humano, y entonces piensa qué harías en ese caso. Por ejemplo, ¿comprarías en un supermercado carne de humano? Probablemente no, porque además de la repulsión por comerte a un congénere, sabrías que ese humano tiene que haber sufrido antes que alguien lo matase, para servirlo después en una bandeja en el supermercado. ¿Estarías a favor de la caza de humanos? Seguro que no. Nadie en su sano juicio podría justificar la caza de humanos, ya que la víctima de la caza no desea que alguien lo asesine por diversión. Para resolver los conflictos que puedan surgir, siempre se tiene que pensar quién pierde más. Por ejemplo, para que alguien pueda comer una hamburguesa, un ternero tiene que haber perdido la vida. Si pusiéramos en una balanza la vida de un ternero, y al otro lado el disfrute por comer una hamburguesa, sin duda alguna ganaría la vida del ternero. Claro, la vida tiene más importancia que un sabor. Si al leer esto alguien piensa que es más importante el sabor que la vida de ese animal, es que ha discriminado al ternero en un acto claro de especismo. Ahora imaginemos que en vez de un ternero fuera un niño humano (sí, un ternero es un bebé cuando es arrancado del calor de su madre, engordado durante semanas y enviado al matadero). En ese caso la vida sí que tendría más valor que el sabor. Así pues, al juzgar un conflicto tenemos que hacerlo desde una perspectiva anti-especista, recurriendo a la comparación con un humano si es necesario. ¿Y cuál es el motivo para esto? Pues que todos los animales queremos vivir y disfrutar de una vida larga en libertad. Es muy sencillo disfrutar de nuestra vida sin perjudicar a otros animales. Basta con conocer el veganismo y ponerlo en práctica. Estamos seguros que tras conocer la terrible realidad que se esconde tras las granjas y los mataderos, también cambiarás tu manera de pensar y decidirás dar el paso hacia el veganismo

“Una gotita de agua”

Cuento infantil que trasmite sensaciones muy agradables.

“ Una gotita de agua “

 

Bebí de mi vaso mientras sentada a la mesa comía junto con mis padres y hermanos,  y al devolverlo una gotita de agua se quedó colgando entre mis dedos, y casi desprendiéndose, la tomé, jugué con ella pasándola de un dedo a otro y un rayo de luz que entró por la ventana la atravesó, y la hizo brillar como una perla de puro cristal que me hipnotizaba. Era transparente y cristalina, tan redonda, tan esculpida que maravillaba verla. Pensé que pudo ser algún día mi lágrima bonita.

 

Pronto un mundo de imaginación corrió por mi mente transportándome a lugares que jamás había soñado. Era como tener en las manos un fluido de vida, como tener al viajero de la tierra, del aire, del mundo entero; Y la acompañé por su pasado, por todas las aventuras de su camino.

 

Ambas paseamos por los ríos en calma, y me sumergía, y me enseñaba peces de hermosos colores, plantas y animales acuáticos que jamás había visto. Raíces sumergidas en las aguas que formaban conjuntos armoniosos e incluso a veces siniestros. En un lago de aguas tranquilas fui reflejo de árboles y montañas, y de un hombre espejo de su cara. Encontré el cauce de otro río que me arrastró en su corriente lenta de bajada.

 

Más allá nos encontramos en grandes desniveles que hacían de nosotras torrente, corrí, salté por las altas cascadas, estrellándonos, convirtiéndonos en blancas burbujas de espuma que no tardaríamos en explotar, y recobramos nuestra primitiva forma. Y  nuevamente fundidas con otras, combinamos.

 

Al acercarme a las orillas, ví gentes de razas y mundos distintos, de espacios diferentes, de idiomas imprecisos. Me bañé con ellos y acaricié sus palpitantes sienes de esfuerzos en el agua.

 

Filtrada entre las rocas llegué por corrientes subterráneas hasta una cueva donde generaciones pasadas vivieron cobijadas de las inclemencias del tiempo, y en la penumbra pude contemplar hermosas pinturas llenas de ingenuidad y soltura, escasas en variedad de colores, pero ricas en matices. Aunque su enorme calidad era la vejez..

 

Me sorprendí también al tropezar en el reguero con un hacha de piedra tallada y más allá restos de vasijas y antiguos útiles de marfil.

 

Otra vez filtrada, bajé por una estalactita y caí al suelo; Y así es como un nuevo reguero me llevó al exterior donde encontré la luz y los rayos de sol.

 

Desemboqué después en otro río de mayor cauce, y por su anchura pude deducir que pronto llegaría al mar; También las montañas que dejaba a mi paso iban siendo cada vez de menor altura. En una gran desembocadura en forma de delta, empecé a girar y girar, y supe que esta bajando por el epicentro de un enorme remolino, y al llegar a las profundidades me expulsó con gran fuerza, lanzándome hacia el mar donde me mezclé con la sal.

 

Viajé con los navíos y gaviotas, brillé como la plata al reflejo de sol y recorrí las oscuras y frías profundidades, en las que encontré antiguos barcos con sus cañones, espadas y pistolas por el suelo, y muchas cosas más que recordaban aquellas épocas. Seguí buceando por el océano entre rocas y plantas, de las que salían y entraban moluscos y peces de diversos colores y tamaños. Todo era muy hermoso, me llenaba de una infinita y misteriosa alegría, de calma; Y pensé en el hombre…

 

Navegué por mares y mares conociendo muchas más cosas, hasta que un día los rayos del sol tanto calor me dieron, que me elevé al cielo en forma de nube. En los aires junto con mis hermanas las gotitas y empujadas por el viento, modelábamos distintas figuras que contrastaban con el azul celeste. Allí desde las alturas se dominaban bonitos y amplios panoramas. Los mares con sus olas unas veces grandes y otras chicas, gaviotas volando alrededor de los barcos que en vaivén los surcaban, y detrás dando rítmicas zambullidas los delfines.

 

A lo lejos divisamos tierra, nuevos y espléndidos paisajes se apoderaron de mis ojos, que contemplaban desde lo alto. Rozamos con el pico de las montañas, hacía mucho frío, y nos condensamos. Comencé a descender muy sorprendida, porque esta vez la naturaleza me convirtió en una estrellita simétrica, reluciente, blanca, y caí despacito sobre los montes, donde formando una espesa capa, se habían amontonado otras gotitas transformándose en copos como yo.

 

La mañana fue grande en alegrías, ver a los niños jugando con nosotras, modelando muñecos que imitaban a los hombres, o lanzándonos en pequeñas bolas que hacían con las manos, hacia otros niños que mojábamos al rompernos en sus caras.

 

Nos pisaron las tablas de los que esquiando veíamos bajar por tan empinadas montañas, y daban notas de colorido muy alegre con sus ropas. Al mediodía el sol hizo que resplandeciera el valle. Pero muchas de nosotras nos derretíamos volviendo a ser gotitas de agua, que juntas iríamos haciendo reguero, y con más regueros, riachuelo.

 

Poco a poco fuimos bajando, tan cristalinas que transparentábamos las rocas y dejábamos ver algunos pececitos. A medida que descendíamos entre pequeños saltos y corrientes, entonábamos canciones que hasta los hombres se paraban a escuchar cómodamente tumbados en la orilla, y se adormecían.

 

De camino escuché a mis compañeras de viaje relatar, como un día habían sido lluvia, otras fueron escarcha, también regaron los campos, llegando a ser incluso savia de las plantas, recorriéndolas por sus tallos y hojas.

 

Y así bajamos por el reguero contando experiencias de todo tipo, por las que habíamos pasado. También me tocó a mí el turno, y les relaté una anécdota; Fue que una vez me bebió un niño y pasé a su estómago, después a su sangre, y esta me llevó a su corazón que sentí palpitar. Paseé por todos sus órganos, hasta que salí de su cuerpo a la luz del sol y estaba en sus ojos. Corrí por sus mejillas contemplando la escena que el vivía, y supe que era una lágrima de alegría, lo que me lleno de gozo.

 

Mis compañeras las gotitas me miraban sorprendidas, pues no todas pudieron vivir aquella experiencia tan hermosa. Seguíamos corriendo por el arroyo, mientras otra compañera nos contaba…