¿Están locos los animales?

¿Están locos los animales?

Cuando el hombre cambia el clima, el clima cambia al hombre.
De todas las conversaciones con las que hemos saludado el nuevo año, probablemente, una las que con más frecuencia se ha repetido es la que hace referencia a la climatología. Desde que estrenamos este atípico invierno, incluso desde unas semanas antes, las temperaturas que nos acompañan han sido tan variadas y extrañas que, a veces ha llegado incluso a parecer que estábamos más  en un periodo primaveral e, incluso, veraniego que en pleno mes de enero. Sin embargo, esta circunstancia, aparentemente, tan amable para el ser humano es, probablemente,  en sí misma,  la mayor amenaza que ha sufrido jamás la vida en nuestro planeta.
Porque ¿qué ocurre cuando, de pronto, en medio de una estación fría la temperatura se eleva y se eleva hasta convertirla en cálida? Pues que los peligros para la desaparición de algunas especies se multiplican hasta el infinito. Y, no crean, no se trata de una afirmación alarmista, al revés, creo que incluso es prudente si se atienden a las gravísimas consecuencias que de todo esto se desprende.
Verán, en realidad,  existen animales perfectamente preparados para sobrevivir en las temperaturas más frías y a la vez, en las más cálidas. Su cuerpo y su piel se protegen y regulan para poder hacer frente a esos cambios, por otro lado tan periódicos como previsibles, que traen las distintas estaciones durante el año.
Por ejemplo, los lobos que tenemos en el arca pierden todo su pelo al llegar las temperaturas más cálidas y les crece cuando comienzan las más bajas. Su aspecto cambia tanto que nadie diría que se trata de los mismos animales. En realidad, lo que ocurre es que nuestros lobos, Lupus e Iris, tienen métodos innatos para adaptarse a la temperatura según las épocas del año pero, claro, no siempre son infalibles porque, al contrario de lo que muchos creen, ese cambio no lo realizan en base a que tengan más frío o más calor.
La pregunta es: ¿cómo saben entonces ellos en qué mes nos encontramos y la temperatura típica del mismo? Durante mucho tiempo, como antes comentaba, se pensó que todo era, simplemente, una respuesta del cuerpo, de la piel, ante la temperatura que marcaba el termómetro exterior pero, hoy ya se sabe que no es así.
En realidad es el cerebro de los animales el que consigue sincronizarse con las estaciones. Para ello, los lobos, por ejemplo, cuenta con un arma eficaz e infalible. Se trata de una glándula pineal que existe en el cerebro de los mismos –por cierto que los humanos también la tenemos- ¿Y qué función realiza ésta? Pues una fundamental. La glándula pineal produce la melatonina, una hormona que permite algo tan importante cómo medir la longitud del día y de la noche, modular el sueño, los ritmos cardíacos o, por ejemplo, sincronizar sus cuerpos y sus necesidades con las estaciones del año.
Así, el cerebro de los lobos del arca o de aquellos que viven en libertad o, por ejemplo, de los zorros que habitan en los campos de España, reciben información directa de cuanto tiempo de luz tiene cada día y, al hacerlo, de que estación del año es en la que nos encontramos según la cantidad de horas de sol y la duración de la noche. Si los días son cortos, el cerebro de los animales interpretará que las temperaturas en nuestro entorno serán bajas y su cuerpo pondrá en marcha los mecanismos de defensa ante esta situación.
En el caso de los lobos su pelo será más tupido y largo durante los meses más fríos y se les caerá completamente durante los más calurosos. Los zorros modularan la densidad de su pelo como respuesta al frío o al calor pero, en su caso,  incluso, irán más allá. Modificarán el tono del mismo para que su aspecto se acomode al de la naturaleza que les rodee y así, poseer un mejor camuflaje, acorde al color que presenten las plantas y las hojas de los árboles según la estación en la que se encuentren.
Pero claro, imagínense ¿qué ocurre cuando todo ese equilibrio salta por los aires? ¿Qué pasa cuando durante los días más cortos del año, sin embargo, las temperaturas son tan altas cómo nos ha ocurrido estas navidades pasadas? Los seres humanos está claro que como animales que también somos, lo solucionamos fácilmente, sacamos la manga corta o la larga según el calor que hace pero, como pueden imaginarse, en el caso de los animales salvajes todo es mucho más complicado.
Éstos se vuelven prácticamente locos. Los mensajes que reciben de la naturaleza son totalmente contradictorios y sus cuerpos, realmente, no saben cómo actuar. Por ejemplo, si su cerebro se dejara guiar por la temperatura existente y mandara la orden a su cuerpo de cambiar su pelo podrían morir de frío ante bajadas extremas de temperatura que, a nadie se nos escapan, que aún llegarán. Pero por otro lado, los problemas de termorregulación que pueden sufrir también conllevan una enorme gravedad. No hay que olvidar que el calor excesivo con un pelaje tan abundante, podría conducirles fácilmente a sufrir un golpe de calor, la temible hipertermia, una especie de shock que podría llegar a costarles la vida.
¿Se imaginan nuestra península sin lobos o por ejemplo, sin zorros? El equilibrio del ecosistema saltaría por los aires, la proliferación de algunas especies como roedores pondría en peligro otras y no lo duden, todo ello afectaría también al ser humano.
Y no crean, hay tantos otros animales afectados por estos cambios bruscos e inusuales de temperaturas, tantos, que necesitaría el periódico entero para ir contándoles uno tras otro… Por ejemplo, sin ir más lejos, el de algunos de los pájaros de nuestro entorno más cercano que confundidos por las altas temperaturas, adelantan sus cortejos, su nidificación e incluso sus puestas de huevos pensando que ya es primavera. Todas esas futuras crías se pierden cuando las temperaturas vuelven a bajar. O también, el de aquellas otras aves que renuncian a sus viajes migratorios confundidas por el calor reinante de estas semanas pasadas y que desgraciadamente el frío se lleva por delante cuando, bruscamente, regresa semanas más tarde. Y así sucesivamente. Como fichas de dominó, la vida de unos animales, al desaparecer, tumban  la de otros sin remedio.
Por eso, es posible que estos días pasados nuestras playas se hayan llenado  de forma inusual y que nos hayamos alegrado al poder disfrutar de días tan templados pero, no se engañen, las buenas temperaturas de las que hemos disfrutado estos días son para la vida en este mundo, simple y llanamente, pan para hoy y hambre para mañana.
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